PRECEDENTES HISTÓRICOS DE LOS CONCEPTOS DE IMPULSO Y CANTIDAD DE MOVIMIENTO


Estos conceptos tuvieron una evolución histórica de aproximadamente cuatrocientos años, desde el s. XIV hasta el s. XVII.

En el siglo XIV, el fraile franciscano William of Ockham (1280-1389) o Guillermo de Ockham, asignó a los objetos móviles una propiedad responsable del mantenimiento de su movimiento. Así por ejemplo, una flecha debía transportar lo que él llamo una cierta “carga” (correspondiente a la noción moderna de cantidad de movimiento), cuya posesión aseguraba la continuidad de su movimiento. Esta idea fue defendida posteriormente por su discípulo Jean Buridan (1300-1358), quien llegó a ser rector de la universidad de Paris en 1327. Jean Buridan realizó trabajos teóricos en óptica y en mecánica. Formuló una noción de inercia intentando explicar el movimiento con la teoría del ímpetus y, consideró que la “carga” que transportaban los objetos móviles, como proyectiles, debía ser proporcional al peso del proyectil por alguna función de su velocidad.

Estas ideas llegaron hasta Galileo, Descartes y otros físicos del siglo XVII, que finalmente definieron con precisión el impulso y la cantidad de movimiento.

 

 

Descartes (1597-1650), además de indicar cómo debía definirse esta magnitud, le dio un significado dinámico relacionado con las posibles interacciones entre objetos. Escribió: Una bala de cañón moviéndose a 100 km/h tiene más “movimiento” que una pelota de tenis moviéndose a la misma celeridad, si comparamos el movimiento que cada móvil puede transferir a otro objeto con el que choque. Es decir, Descartes consideró que la cantidad de movimiento individual de un objeto móvil también indicaba su capacidad de influencia sobre otros, cuando interacciona con ellos.

Para Descartes, la magnitud cantidad de movimiento cumplía un papel esencial en un Universo que, según su concepción filosófica, debía funcionar como un mecanismo de relojería. Una vez puesta en marcha la máquina por Dios, se daba por supuesto su funcionamiento:

 

"Es completamente racional suponer que Dios, ya que al crear la materia le impartió diferentes movimientos a sus partes y mantiene toda la materia en el mismo estado y condiciones en que la creó, también conserva en ella la misma cantidad de movimiento" (1644; Principios de filosofía)

 

De esta manera planteó un precedente del principio de conservación de la cantidad de movimiento, interpretado como una ley necesaria para que la máquina universal no se detenga.